hombre, pueden estar libres de sujeción a sus padres». Por lo cual resulta evidente que el poder por un lado y la sujeción por el otro, de los que nuestro autor habla aquí, son ese poder y esa sujeción naturales entre padres e hijos: pues lo que los hijos de cualquier hombre debían no podía ser otra cosa; y eso es lo que nuestro autor afirma siempre que es absoluto e
Este poder natural de los padres sobre sus hijos lo tenía Adán sobre su descendencia, dice nuestro autor; y este poder de los padres sobre sus hijos lo tenían sus hijos sobre los suyos en vida de él, dice también nuestro autor; de modo que Adán, por un derecho natural de padre, tenía un poder absoluto e ilimitado sobre toda su descendencia, y al mismo tiempo sus hijos tenían, por el mismo derecho, un poder absoluto e ilimitado sobre la suya.
Aquí hay, pues, dos poderes absolutos e ilimitados que coexisten, los cuales quisiera yo que alguien reconciliara el uno con el otro, o con el sentido común.