Habiendo hecho Dios a los padres instrumentos en su gran designio de continuar la raza humana, y los causantes de la vida de sus hijos; así como les ha impuesto la obligación de alimentar, preservar y criar a su descendencia, así también ha impuesto a los hijos una obligación perpetua de honrar a sus padres, la cual, conteniendo en sí una estima y reverencia interiores que deben mostrarse mediante todas las expresiones exteriores, ata al hijo impidiéndole hacer nada que pueda jamás dañar o ofender, perturbar o poner en peligro la felicidad o la vida de aquellos de quienes recibió la suya; y lo compromete en todas las acciones de defensa, socorro, asistencia y consuelo hacia aquellos por cuyos medios entró en la existencia y ha sido hecho capaz de disfrutar de cualquier aspecto de la vida: de esta obligación ningún estado, ninguna libertad puede absolver a los hijos. Pero esto está muy lejos de dar a los padres un poder de mando sobre sus hijos, o autoridad para dictar leyes y disponer como les plaze de sus vidas y libertades. Una cosa es deber honor, respeto, gratitud y asistencia, y otra exigir obediencia y sumisión absolutas. El honor debido a los padres se lo debe un monarca en su trono a su madre; y, sin embargo, esto no disminuye su autoridad ni lo somete al gobierno de ella.
La sujeción de un menor confiere al padre un gobierno temporal, que termina con la minoría de edad del hijo; y la honra debida por parte de un hijo otorga a los padres el derecho perpetuo al respeto, la reverencia, el sustento y también a la obediencia, en mayor o menor medida según hayan sido el cuidado, el coste y la bondad del padre en su crianza. Esto no termina con la minoría de edad, sino que se mantiene en todas las etapas y condiciones de la vida del hombre. La falta de distinción entre estos dos poderes, a saber, el que tiene el padre por el derecho de tutela durante la minoría de edad y el derecho a la honra durante toda su vida, puede haber causado quizás una gran parte de los errores sobre este asunto; pues, hablando propiamente, el primero de ellos es más bien el