sin presunción, oponer mi sola opinión a la suya; y confiar en que mi afirmación de que «el engendrar hijos no los hace esclavos de sus padres» libera tan ciertamente a todo el género humano como su afirmación de lo contrario los convierte a todos en esclavos. Pero para que esta postura, que es el fundamento de toda la doctrina de aquellos que quieren que la monarquía sea jure divino, tenga todas las oportunidades justas, oigamos qué razones dan otros en su favor, ya que nuestro autor no ofrece ninguna.
El argumento que he oído emplear a otros para probar que los padres, por el hecho de engendrarlos, adquieren un poder absoluto sobre sus hijos es el siguiente: que «los padres tienen poder sobre las vidas de sus hijos, porque les dan la vida y el ser», que es la única prueba de la que es capaz; ya que no puede haber razón alguna por la cual un hombre de manera natural deba tener pretensión o derecho sobre aquello que pertenece a otro, que nunca fue suyo, que él no otorgó, sino que fue recibido por la generosidad de otro. 1. Respondo que no todo el que da algo a otro adquiere por ello siempre el derecho a quitárselo de nuevo. Pero, 2. Quienes dicen que el padre da la vida a los hijos están tan deslumbrados por las ideas de la monarquía que no recuerdan, como debieran, a Dios, que es «el autor y dador de la vida: en él solamente vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser». ¿Cómo puede considerarse que da la vida a otro quien no sabe en qué consiste la suya propia? Los filósofos andan perdidos al respecto tras sus investigaciones más diligentes; y los anatomistas, tras pasar toda su vida y sus estudios en disecciones y en el examen diligente de los cuerpos humanos, confiesan su ignorancia sobre la estructura y el uso de muchas partes del cuerpo del hombre, y acerca de aquella operación en que consiste la vida en su conjunto. ¿Y acaso el rudo labrador, o el más ignorante voluptuoso, concibe o moldea una máquina tan admirable como esta, para luego infundirle vida y sensibilidad? ¿Puede alguien decir que formó las partes necesarias para la vida de su hijo? ¿O puede suponer que da la vida y, sin embargo, no saber qué materia es apta para recibirla, ni qué acciones u órganos son necesarios para su recepción o conservación?