Esto muestra la razón de cómo llega a suceder que los padres en las sociedades, donde ellos mismos son súbditos, retienen un poder sobre sus hijos, y tienen tanto derecho a su sujeción como aquellos que se encuentran en el estado de naturaleza.
Lo cual no podría ser posible si todo el poder político fuera únicamente paternal, y si en verdad fueran una y la misma cosa: pues entonces, estando todo el poder paternal en el príncipe, el súbdito no podría naturalmente tener nada de él.
Pero estos dos poderes, el político y el paternal, son tan perfectamente distintos y separados, están edificados sobre bases tan diferentes y dados a fines tan diferentes, que todo súbdito que es padre tiene tanto poder paternal sobre sus hijos como el príncipe tiene sobre los suyos; y todo príncipe que tiene padres les debe tanta obligación filial y obediencia como el más humilde de sus súbditos a los suyos; y por lo tanto no puede contener parte ni grado alguno de esa clase de dominio que un príncipe o magistrado tiene sobre sus súbditos.
Aunque la obligación de