Así nacemos libres, del mismo modo en que nacemos racionales; no porque en realidad hagamos uso de lo uno o de lo otro: la edad que trae lo uno, trae consigo lo otro también. Y así vemos cómo la libertad natural y la sujeción a los padres pueden coexistir, y ambas se fundamentan en el mismo principio. Un niño es libre por el título de su padre, por el entendimiento de su padre, el cual ha de gobernarlo hasta que él tenga el suyo propio. La libertad de un hombre en la edad de la discreción, y la sujeción de un niño a sus padres, estando aún por debajo de esa edad, son tan compatibles y tan distinguibles, que los más ciegos defensores de la monarquía por derecho de paternidad no pueden pasar por alto esta diferencia; los más obstinados no pueden menos que admitir su compatibilidad: > porque, aun si su doctrina fuera del todo cierta, si el heredero legítimo de Adán fuese conocido ahora, y por ese título se estableciera como monarca en su trono, investido de todo el poder absoluto e ilimitado de que habla Sir Robert Filmer; si muriera tan pronto como naciera su heredero, ¿no tendría el niño, por muy libre y por muy soberano que fuese, que estar sujeto a su madre y a su nodriza, a tutores y gobernadores, hasta que la edad y la educación le aportaran la razón y la capacidad para gobernarse a sí mismo y a los
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VI. Del poder paterno
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