Los madereros en su campamento de invierno, el amanecer en el bosque, franjas de nieve en las ramas de los árboles, el crujido ocasional, El alegre y claro sonido de la propia voz, la canción jovial, la vida natural de los bosques, la dura jornada de trabajo, El fuego ardiente por la noche, el dulce sabor de la cena, la charla, el lecho de ramas de cicuta y la piel de oso;
El constructor de casas trabajando en las ciudades o en cualquier parte, El ensamblaje preliminar, el escuadrado, el aserrado, el mortajado, El izado de las vigas, el empuje de estas a sus lugares, colocándolas con regularidad, El ajuste de los montantes por sus espigas en las mortajas según fueron preparados, Los golpes de mazos y martillos, las posturas de los hombres, sus extremidades curvadas, Doblándose, de pie, a horcajadas sobre las vigas, clavando pernos, aferrándose a postes y tornapuntas, El brazo enganchado sobre la solera, el otro brazo blandiendo el hacha, Los carpinteros de pisos forzando los tablones para acercarlos y clavarlos, Sus posturas descargando sus herramientas sobre los soportes, Los ecos resonando a través del edificio vacío;
El enorme almacén levantándose en la ciudad en plena marcha,
- Los seis carpinteros de armazón, dos en el medio y dos en cada extremo, llevando con cuidado sobre sus hombros un pesado madero para una viga maestra,
- La apiñada fila de albañiles con las llanas en sus manos derechas levantando rápidamente el largo muro lateral, de dos a ras de frente hasta el fondo,
- El flexible ascenso y descenso de espaldas, el continuo chasquido de las llanas golpeando los ladrillos,
- Los ladrillos uno tras otro colocados con tanta maestría en su sitio, y asentados con un golpe del mango de la llana,
- Los montones de materiales, el mortero en las bateas, y el constante reabastecimiento por parte de los peones;