bosques, algunos viviendo pacíficamente en granjas, laborando, cosechando, llenando graneros, Algunos recorriendo avenidas pavimentadas, en medio de templos, palacios, fábricas, bibliotecas, espectáculos, cortes, teatros, monumentos maravillosos.
¿Han desaparecido realmente esos miles de millones de hombres?
¿Han desaparecido esas mujeres de la vieja experiencia de la tierra?
- ¿Acaso sus vidas, ciudades, artes, descansan solo en nosotros?
- ¿No lograron nada bueno para sí mismos?
Creo que de todos esos hombres y mujeres que poblaron las tierras sin nombre, cada uno existe a esta hora aquí o en otra parte, invisible para nosotros,
- En exacta proporción a aquello de lo que creció en vida, y a partir de lo que hizo, sintió, llegó a ser, amó, pecó, en vida.
Creo que ese no fue el fin de aquellas naciones ni de ninguna persona de ellas, como tampoco este será el fin de mi nación, o de mí;
De sus lenguas, gobiernos, matrimonios, literatura, productos, juegos, guerras, costumbres, crímenes, prisiones, esclavos, héroes, poetas, sospecho que sus resultados aguardan curiosamente en el mundo aún no visto, contrapartidas de lo que les acaeció en el mundo visto, sospecho que los encontraré allí, sospecho que allí hallaré cada viejo detalle de aquellas tierras sin nombre.
Canción de la prudencia
Paseaba por las calles de Manhattan reflexionando sobre el tiempo, el espacio, la realidad—sobre temas como estos, y marchando a la par de ellos, la prudencia.