Como en tus puertas también la muerte
Así como a tus puertas también la muerte,
Entrando en tus dominios soberanos, oscuros, ilimitados,
A los recuerdos de mi madre, a la divina fusión, la maternidad,
A ella, enterrada y partida, mas no enterrada, no partida de mí,
(Veo de nuevo el rostro calmo y benigno, fresco y hermoso todavía, me siento junto a la forma en el ataúd, beso y beso convulsivamente de nuevo los dulces labios ancianos, las mejillas, los ojos cerrados en el ataúd;)
A ella, la mujer ideal, práctica, espiritual, de toda la tierra, la vida, el amor, para mí la mejor, grabo una línea monumental, antes de irme, en medio de estos cantos,
Y levanto aquí una lápida.
Mi legado
El hombre de negocios el adquirente vasto,
Tras años asiduos de examinar resultados, preparándose para la partida,
- Lega casas y tierras a sus hijos,
- hereda acciones, bienes, fondos para una escuela u hospital,
- Deja dinero a ciertos compañeros para comprar fichas, recuerdos de gemas y oro.
Mas yo, mi vida contemplando, al clausurarla,