Y tú, América,
Tu prole elevándose cada vez más alto, pero por encima de ti misma elevándote más que todas,
Con la Victoria a tu izquierda y a tu derecha la Ley;
Tú, Unión que todo lo abarcas, que todo lo fundes, absorbes y toleras,
A ti, siempre a ti, te canto.
Tú, también tú, un Mundo, Con todas tus amplias geografías, múltiples, diferentes, distantes, Unidas por ti en uno —un solo idioma órbico común, Un solo destino indivisible para Todos.
Y por los sortilegios que otorgáis a vuestros ministros en verdad, yo aquí personifico y llamo a mis temas, para hacerlos desfilar ante vosotros.
¡He aquí, América! (¡y tú, inefable huésped y hermana!)
Para ti llegan en tropel por tus aguas y tus tierras;
¡He aquí! tus campos y granjas, tus lejanos bosques y montañas, Como en procesión llegando.
He aquí el mar mismo,
- Y sobre su seno ilimitado y agitado, los barcos;
- Mirad, donde sus velas blancas, henchidas por el viento, salpican el verde y el azul,
- Mirad, los vapores que van y vienen, entrando o saliendo del puerto,
- Mirad, oscuros y ondulantes, los largos penachos de humo.