un lado y mirar con anhelo a lo lejos para observar el efecto;
En otra parte oigo el grito de un regimiento que carga (el joven coronel se encabeza esta vez con la espada en alto), veo las brechas abiertas por las descargas del enemigo (rápidamente colmadas, sin demora), respiro el humo sofocante, luego las nubes planas flotan bajo ocultándolo todo;
Ahora una extraña calma por unos segundos, ni un tiro disparado por ningún bando,
Luego se reanudó el caos más fuerte que nunca, con ansiosos llamados y órdenes de los oficiales,
Mientras desde alguna parte distante del campo el viento trae a mis oídos un grito de aplauso, (algún éxito especial,)
Y siempre el sonido del cañón lejos o cerca, (despertando aun en sueños una diabólica exultación y toda la vieja locura de gozo en lo hondo de mi alma,)
Y siempre la prisa de la infantería cambiando de posición, baterías, caballería, moviéndose de aquí para allá,
(Los caídos, los moribundos, no los noto, los heridos chorreantes y rojos no los noto, algunos hacia la retaguardia cojean,)
Hollín, calor, estampida, edecanes galopando al lado o a carrera tendida,
Con el repiqueteo de las armas cortas, el s-s-t de advertencia de los rifles, (estos en mi visión los oigo o los veo,)
Y bombas estallando en el aire, y por la noche los cohetes multicolores.