camino, para bien o para mal. No fue sino hasta después de todo esto que intenté familiarizarme seriamente con la literatura poética. Por mi decimosexto año me había hecho propietario de un voluminoso, atiborrado y sólido ejemplar en octavo de mil páginas (aún lo conservo), que contenía la poesía completa de Walter Scott —una mina y tesoro inagotables de forraje poético (especialmente los interminables bosques y selvas de notas)—, lo ha sido para mí durante cincuenta años, y lo sigue siendo hasta el día de hoy.
Más tarde, a intervalos, veranos y otoños, solía ausentarme, a veces durante una semana seguida, hacia el campo o las costas de Long Island; allí, en presencia de las influencias del aire libre, repasaba a fondo el Antiguo y el Nuevo Testamento, y absorbía (probablemente con mayor provecho para mí que en cualquier biblioteca o cuarto cerrado —tanto importa el lugar donde uno lee—), a Shakespeare, Ossian, las mejores versiones traducidas que pude conseguir de Homero, Esquilo, Sófocles, el viejo Nibelungen alemán, los antiguos poemas hindúes y una o dos obras maestras más, entre ellas la de Dante. Dieron las cosas en que esta última la leí principalmente en un viejo bosque. La Ilíada (la versión en prosa de Buckley) la leí por primera vez de cabo a rabo en la península de Orient, en el extremo nordeste de Long Island, en una hondonada abrigada de rocas y arena, con el mar a ambos lados. (Desde entonces me he preguntado por qué no me sentí abrumado por aquellos poderosos maestros. Probablemente porque los leí, tal como he descrito, en la plena presencia de la Naturaleza, bajo el sol, con el paisaje y las perspectivas que se extienden a lo lejos, o el mar rugiente.)
Hacia el final había repasado, entre muchas otras cosas, los poemas de Edgar Poe —de los cuales no era un admirador, aunque siempre vi que, más allá de su limitada gama melódica (como el repique perpetuo de campanas musicales, que suenan desde un si bemol grave hasta un sol), eran expresiones melodiosas, y quizá insuperables, de ciertas fases pronunciadas de la morbilidad humana.