La escolta tumultuosa, las filas de policías precediendo, abriendo paso, El entusiasmo desbordado, los vítores salvajes de la multitud para sus favoritos, La artillería, los cañones silenciosos brillantes como oro, arrastrados, resuenan ligeramente sobre las piedras, (Cañones silenciosos, que pronto cesaréis vuestro silencio, Prontos a desmontar para iniciar el rojo negocio;)
Todo el murmullo de los aprestos, todo el armamento resuelto,
El servicio de hospitales, la hilacha, las vendas y las medicinas,
Las mujeres que se ofrecen como enfermeras, la obra comenzada de veras, ya no un simple desfile;
¡Guerra! ¡avanza una raza armada! la bienvenida a la batalla, sin dar la espalda;
¡Guerra! sean semanas, meses o años, una raza armada avanza a darle la bienvenida.
Mannahatta en marcha —¡y oh, cantarla bien! ¡Oh, por una vida varonil en el campamento!
Y la artillería robusta, Los cañones brillantes como el oro, la labor para gigantes, para servir bien los cañones, ¡Desempegatlos! (no más como en los últimos cuarenta años para salvas, para cortesías meramente, Poned algo ahora además de pólvora y estopa.)
Y tú, señora de los barcos, tú Mannahatta, Vieja matrona de esta orgullosa, amistosa y turbulenta ciudad, * A menudo, en la paz y la riqueza, estabas pensativa o fruncías el ceño en secreto entre todos tus