Caminamos en silencio entre disputas y aseveraciones, pero no rechazamos a los disputadores ni a nada de lo que se asevera, Oímos los gritos y el estrépito, nos alcanzan las divisiones, los celos, las recriminaciones por todas partes, Se cierran imperiosamente sobre nosotros para rodearnos, camarada mío, Sin embargo, caminamos sueltos, libres, por toda la tierra, viajando de arriba abajo hasta dejar nuestra huella indeleble en el tiempo y en las diversas eras, Hasta saturar el tiempo y las eras, para que los hombres y mujeres de razas, edades venideras, puedan demostrar ser hermanos y amantes como nosotros.
Vosotros, criminales juzgados en los tribunales
Ustedes, criminales juzgados en los tribunales,
Ustedes, convictos en celdas de prisiones, ustedes, asesinos sentenciados encadenados y esposados con hierro,
¿Quién soy yo también para no estar siendo juzgado o en prisión? ¿Yo tan despiadado y diabólico como cualquiera, para que mis muñecas no estén encadenadas con hierro, o mis tobillos con hierro?
Prostitutas que os lucís por las aceras o sois obscenas en vuestros cuartos, ¿quién soy yo para llamaros más obscenas que a mí mismo?
¡O culpable! Lo reconozco—¡lo expongo! (O admiradores, no me alabéis—no me hagáis cumplidos—os hacéis retorcer, veo lo que vosotros no—sé lo que vosotros no.)
Dentro de estos huesos del pecho yazco tiznado y ahogado,