Y los corderos del tercer mes y la cría de color rosa tenue de la puerca, y el potrillo de la yegua y el ternero de la vaca, Y la ruidosa nidada del corral o junto al fango de la orilla del estanque, Y los peces que se suspendían tan curiosamente allá abajo, y el hermoso y curioso líquido, Y las plantas acuáticas con sus graciosas cabezas planas, todo pasó a ser parte de él.
Los brotes de los campos del cuarto y quinto mes pasaron a formar parte de él, los brotes de grano de invierno y los del maíz amarillo claro, y las raíces comestibles de la huerta,
Y los manzanos cubiertos de flores y después los frutos, y las bayas silvestres, y las hierbas más comunes del camino,
Y el viejo borracho que tambaleándose volvía a casa desde el excusado de la taberna de donde acababa de levantarse,
Y la maestra de escuela que pasaba camino a la escuela,
Y los muchachos amigos que pasaban, y los muchachos pendencieros,
Y las muchachas aseadas y de mejillas frescas, y el muchacho y la muchacha negros descalzos,
Y todos los cambios de la ciudad y del campo adondequiera que iba.
Sus propios padres, aquel que lo había engendrado y la que lo había concebido en su seno y lo había parido,
Le dieron a este hijo más de sí mismos que eso, Se lo dieron después cada día, se volvieron parte de él.