Desde otro punto de vista, Hojas de hierba es declaradamente el canto del Sexo y la Amativa, y aun de la Animalidad—aunque significados que por lo general no van de la mano con esas palabras subyacen a todo y emergerán a su debido tiempo; y se procura elevarlo todo a una luz y una atmósfera diferentes. De este rasgo, intencionalmente palpable en unas pocas líneas, solo diré que el principio de unión de esas líneas infunde tanto aliento de vida a todo mi plan que la mayor parte de las piezas bien podría haberse quedado sin escribir de haberse omitido dichas líneas. Por difícil que sea, a mi juicio se ha vuelto imperativo lograr una actitud distinta por parte de los hombres y mujeres superiores hacia el pensamiento y el hecho de la sexualidad, como elemento del carácter, la personalidad, las emociones, y como tema de la literatura. No voy a discutir la cuestión por sí sola; no se sostiene por sí sola. Su vitalidad radica por completo en sus relaciones, repercusiones y significado—como la clave de una sinfonía. A fin de cuentas, las líneas a las que aludo, y el espíritu con el que son pronunciadas, impregnan todo Hojas de hierba, y la obra debe mantenerse o venirse abajo con ellas, tal como el cuerpo y el alma humanos deben permanecer como un todo.
Universales como son ciertos hechos y síntomas de las comunidades o los individuos en todos los tiempos, no hay nada tan raro en las convenciones y la poesía modernas como su reconocimiento normal.
La literatura siempre está llamando al médico para consulta y confesión, y siempre da evasivas y supresiones envueltas en lugar de esa «desnudez heroica» sobre la cual únicamente puede construirse un diagnóstico genuino de los casos graves.
Y con respecto a las ediciones de Hojas de hierba en el futuro (si es que las hubiera), aprovecho ahora la ocasión para confirmar esos versos con las convicciones firmes y las renovaciones deliberadas de treinta años, y para prohibir por la presente, hasta donde la palabra de un servidor pueda hacerlo, cualquier elisión de los mismos.