¿Acaso los glotones devoran su festín?
¿Acaso duermen los corpulentos durmientes?
¿Han cerrado y apernado las puertas?
Nuestra sea aún la dieta dura, y la frazada en el suelo,
¡Pioneros! ¡Oh pioneros!
¿Ha descendido la noche? ¿Fue el camino últimamente tan arduo? ¿nos detuvimos desalentados cabeceando en nuestro andar? ¡Aun una hora pasajera os otorgo en vuestras huellas para pausar olvidadizos, Pioneros! ¡Oh pioneros!
Hasta que con son de trompeta, Lejos, muy lejos, la llamada del alba —¡escucha! ¡qué fuerte y clara oigo que suena!, ¡Rápido! ¡a la cabeza del ejército! —¡rápido! ¡saltad a vuestros puestos, ¡Pioneros! ¡oh, pioneros!
Para ti
Quienquiera que seas, temo que andas por los caminos de los sueños, temo que estas supuestas realidades estén a punto de esfumarse bajo tus pies y tus manos,
Aun ahora tus rasgos, alegrías, palabras, casa, oficio, modales, penas, locuras, ropajes, crímenes, se disipan lejos de ti,
Tu verdadera alma y tu verdadero cuerpo aparecen ante mí,
Se yerguen fuera de los asuntos, fuera del comercio, las tiendas, el trabajo, las granjas, las ropas, la casa, el comprar, el vender, el comer, el beber, el sufrir, el morir.
Quienquiera que seas, ahora pongo mi mano sobre ti, para que seas mi poema, susurro con mis labios cerca de