Allí meditabundo, sentí:
Si gusanos, serpientes, asquerosos parásitos, en dulces cantos espirituales pueden tornarse, Si alimañas así transpuestas, así usadas y bendecidas pueden ser, Entonces puedo confiar en vosotras, vuestras fortunas, vuestros días, patria mía; ¿Quién sabe si estas no habrán de ser las lecciones aptas para ti? De ellas tu futuro canto podrá alzarse con alegres trinos, Destinado a llenar el mundo.
Italian Music in Dakota
(«El decimoséptimo: la mejor banda regimental que he oído jamás»)
A través del suave aire vespertino que todo lo envuelve, Rocas, bosques, fortín, cañón, centinelas que patrullan, yermos sin fin, En dulces arroyos, en notas de flautas y cornetas, Eléctricas, pensativas, turbulentas, artificiales, (Mas extrañamente apropiadas aun aquí, con significados antes desconocidos, Más sutiles que nunca, con más armonía, como si hubieran nacido aquí, emparentadas aquí, No con las salas al fresco de la ciudad, no con el público de la ópera, Sonidos, ecos, melodías errantes, como si realmente estuvieran aquí en su hogar, El amor inocente de la Sonnambula, los tríos con la angustia de Norma, Y tu coro extático, ¡Poliuto!) Ataviadas con el amarillo, límpido y oblicuo poniente,