Wordsworth, en una de las revistas inglesas actuales, los versos: «Hace unas pocas semanas, un eminente crítico francés dijo que, debido a la tendencia especial hacia la ciencia y a su fuerza devoradora de todo, la poesía dejaría de leerse en cincuenta años». Pero yo anticipo exactamente lo contrario. Solo empieza a existir —no, ya está formada— una nueva área, más firme y vastamente más amplia, a la que el genio poético debe emigrar. Cualquiera que haya podido ser el caso en años pasados, el verdadero uso de la facultad imaginativa de los tiempos modernos es dar la vivificación definitiva a los hechos, a la ciencia y a las vidas comunes, dotándolas de los resplandores, las glorias y la ilustres brillantez final que pertenecen a cada cosa real, y solo a las cosas reales. Sin esa vivificación definitiva —que solo el poeta u otro artista puede dar—, la realidad parecería incompleta, y la ciencia, la democracia y la vida misma, en última instancia, en vano.
Pocos aprecian las revoluciones morales de nuestra época, que han sido mucho más profundas que las materiales, las inventivas o las producidas por la guerra.
El siglo diecinueve, ya bien entrado en su ocaso (y madurando en fruto las semillas de los dos siglos precedentes) —los levantamientos de las masas nacionales y los desplazamientos de líneas fronterizas—, los hechos históricos y otros prominentes de los Estados Unidos—, la guerra de tentativa de Secesión—, la borrascosa carrera y prisa de fuerzas nebulosas—, jamás podrán presenciar los años futuros mayor entusiasmo y estrépito de acción—, jamás un cambio más completo de frente de ejército en toda la línea, en todo el mundo civilizado.
Para todos estos hechos, significados, propósitos nuevos y evolutivos, son inevitables nuevos mensajes poéticos, nuevas formas y expresiones.