Días halciones
No solo del amor próspero, Ni de la riqueza, ni de la honrada edad madura, ni de las victorias de la política o la guerra; Sino cuando la vida declina y todas las pasiones turbulentas se calman, Mientras matices espléndidos, vaporosos y silenciosos cubren el cielo vespertino, Mientras la suavidad, la plenitud, el descanso, impregnan el cuerpo, como un aire más fresco y balsámico, Mientras los días adquieren una luz más suave y la manzana por fin cuelga verdaderamente acabada y madura con desgana en el árbol, ¡Entonces por los días más fecundos, más tranquilos y más felices de todos! ¡Los días halciónicos, meditabundos y dichosos!
Fancies at Navesink
Día de las elecciones, noviembre de 1884
Si hubiera de nombrar, ¡oh, Mundo Occidental!, tu escena y tu espectáculo más poderosos, No serías tú, Niágara, ni vosotras, praderas sin límites, ni tus enormes grietas de cañones, Colorado, Ni tú, Yosemite, ni Yellowstone, con todos sus espasmódicos bucles de géiseres ascendiendo a los cielos, apareciendo y desapareciendo, Ni los blancos conos de Oregón, ni el cinturón de lagos poderosos de Hurón, ni la corriente del Misisipi: —La humanidad de este hemisferio en ebullición, tal como ahora es, nombraría: la voz apacible y sutil que vibra, el día de elección de América, (El meollo de esto no está en los elegidos —el acto en sí es lo principal, la elección cuatrienal—), La extensión de Norte y Sur despertada —litoral e interior— de Texas a Maine —los estados de las Praderas— Vermont, Virginia, California, La lluvia de votos postrera de Este a Oeste —la paradoja y el conflicto—, Los innumerables copos de nieve cayendo —(un