(Trenes de una línea tambaleante en muchas extrañas procesiones, carretas, De altas y bajas—con intervalos—de años maduros, edad media, o juventud,) “En barcos encabinados,” o “Tú, vieja causa” o “Poetas por venir” O “Paumanok,” “Canto a mí mismo,” “Calamus,” o “Adán,” O “¡Tened, tened, tambores!” o “Al suelo fermentado que pisaron,” O “¡Capitán! ¡Mi capitán!,” “Kosmos,” “Años de arenas movedizas,” o “Pensamientos,” “Tú, madre con tu prole igual,” y muchos, muchos más sin especificar, De la fibra de mi corazón—de la garganta y la lengua—(La ardiente sangre pulsante de mi vida, El impulso personal y la forma para mí—no meramente papel, tipo automático y tinta,) Cada canción mía—cada expresión del pasado—con su larga, larga historia, De vida o muerte, o herida de soldado, de pérdida o seguridad de la patria, (¡Oh cielo! ¡qué destello y qué tren sin fin desencadenado de todo! ¡comparado en verdad con eso! ¡Qué miserable jironcito aun en el mejor de los casos!)
Un arrullo vespertino
Tras una semana de angustia física, Inquietud y dolor, y calor febril, Hacia el final del día llega la calma y la tregua, Tres horas de paz y alivio sosegado para la mente.