nuevas ascendían sigilosas, Vigilia final para ti, muchacho valiente, (no pude salvarte, rápida fue tu muerte, te amé fielmente y te cuidé en vida, creo que sin duda volveremos a encontrarnos,)
Hasta que al fin, en la persistente retirada de la noche, justo cuando aparecía el aurora,
Envuelto en su manta a mi camarade, bien arropado su cuerpo, Bien doblada la manta, cubriéndole con esmero la cabeza y con esmero los pies, Y allí mismo, bañado por el sol naciente, a mi hijo en su tumba, en su tumba cavada toscamente lo deposité,
Poniendo fin con eso a mi extraña vigilia, vigilia de la noche y del sombrío campo de batalla,
- Vigilia por el muchacho de besos correspondidos, (jamás en la tierra correspondidos,)
- Vigilia por el camarade velozmente abatido, vigilia que jamás olvido, cómo al aclararse el día, me levanté del suelo helado y envolví bien a mi soldado en su manta,
- Y lo enterré allí donde cayó.
Una marcha en las filas acosadas, y el camino desconocido
Una marcha en las filas acosadas, y el camino desconocido, Una ruta por un espeso bosque con pasos amortiguados en la oscuridad, Nuestro ejército derrotado con severas bajas, y el moroso remanente en retirada, Hasta que pasada la medianoche destellan sobre nosotros las luces de un edificio tenuemente iluminado, Llegamos a un claro en el bosque, y nos detenemos junto al edificio tenuemente iluminado, Es una vieja iglesia grande en el cruce de caminos, ahora un hospital improvisado, Al entrar