Han creado una civilización que proporciona a quienes la hicieron lo que sienten que es una amplia satisfacción en el trabajo, el apareamiento y el juego, y el vértigo de su victoria sobre las montañas, las tierras salvajes, la distancia y la competencia humana ha hecho incluso las veces de esa parte del sentimiento religioso que es un sentido de comunión con el propósito del universo.
El modelo ha sido un éxito tan casi perfecto en la secuencia de ideales, práctica y resultados, que cualquier desafío al mismo es tildado de antiestadounidense.
Y sin embargo, este patrón es una manera muy parcial e inadecuada de representar el mundo. El hábito de pensar en el progreso como «desarrollo» ha significado que muchos aspectos del entorno simplemente fueran ignorados.
Con el estereotipo del «progreso» ante los ojos, los estadounidenses en masa han visto muy poco que no concordara con dicho progreso.
- Vieron la expansión de las ciudades, pero no la acumulación de barrios marginales;
- celebraron las estadísticas de los censos, pero se negaron a considerar el hacinamiento;
- señalaron con orgullo su crecimiento, pero no quisieron ver el éxodo rural, ni la inmigración no asimilada.
Expandieron la industria furiosamente a un costo imprudente para sus recursos naturales; construyeron corporaciones gigantescas sin prever relaciones industriales. Llegaron a ser una de las naciones más poderosas de la tierra sin preparar sus instituciones ni sus mentes para el fin de su aislamiento.