historia original, verdadera o inventada, le crece alas y cuernos, pezuñas y picos, a medida que el artista en cada chismoso la trabaja. El relato del primer narrador no conserva su forma ni sus proporciones. Es editado y revisado por todos los que jugaron con él al oírlo, lo usaron para sus ensoñaciones y lo transmitieron. [Footnote: Para un ejemplo interesante, véase el caso descrito por C. J. Jung, Zentralblatt fuer Psychoanalyse, 1911, vol. I, p. 81. Traducido por Constance Long, en Analytical Psychology, cap. IV.]
Por consiguiente, cuanto más heterogéneo sea el público, mayor será la variación en la respuesta. Pues a medida que el público aumenta de tamaño, el número de palabras comunes disminuye. Así, los factores comunes de la historia se vuelven más abstractos. Esta historia, al carecer de un carácter propio y preciso, es escuchada por personas de carácter muy variado. Ellos le otorgan su propio carácter.
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El carácter que se le atribuye varía no solo con el sexo y la edad, la raza, la religión y la posición social, sino dentro de estas clasificaciones más burdas, según la constitución heredada y adquirida del individuo, sus facultades, su carrera, el progreso de su carrera, un aspecto enfatizado de su carrera, sus estados de ánimo y tiempos, o su lugar en el tablero en cualquiera de los juegos de la vida que esté jugando.
Lo que le llega de los asuntos públicos, unas pocas líneas impresas, algunas fotografías, anécdotas y cierta experiencia casual propia, lo concibe a través de sus patrones fijos y lo recrea con sus propias emociones. No toma sus problemas personales como muestras parciales del entorno mayor. Toma sus historias del entorno mayor como una ampliación mimética de su vida privada.
Pero no necesariamente de esa vida privada tal como él se la describiría a sí mismo.