Esta es la difícil situación del lector de noticias generales. Si ha de leerlas en absoluto, debe interesarse, es decir, debe adentrarse en la situación e importarle el desenlace. Pero si hace eso, no puede permanecer en la pasividad, y a menos que existan medios independientes para comprobar la orientación que le da su periódico, el propio hecho de que esté interesado puede hacerle difícil llegar a ese equilibrio de opiniones que más se aproxime a la verdad.
Cuanto más apasionadamente se involucre, más tenderá a resentir no solo un punto de vista diferente, sino también una noticia inquietante. Es por eso que muchos periódicos descubren que, tras haber evocado honestamente el partidismo de sus lectores, no pueden cambiar de postura fácilmente, incluso si el editor cree que los hechos lo justifican. Si es necesario un cambio, la transición debe manejarse con la máxima habilidad y delicadeza. Por lo general, un periódico no intentará una actuación tan peligrosa. Es más fácil y seguro hacer que las noticias sobre ese tema disminuyan gradualmente y desaparezcan, apagando así el fuego por inanición.