humanidad pudieron ser llevados a pensar en las mismas ideas, o al menos en los mismos nombres para las ideas, simultáneamente. Sin cable, radio, telégrafo y prensa diaria, el experimento de los Catorce Puntos habría sido imposible. Fue un intento de explotar la maquinaria moderna de comunicación para iniciar el retorno a una «conciencia común» en todo el mundo.
Pero primero debemos examinar algunas de las circunstancias tal como se presentaban a finales de 1917. Pues en la forma que el documento finalmente adoptó, todas estas consideraciones están de algún modo representadas.
Durante el verano y el otoño se habían sucedido una serie de acontecimientos que afectaron profundamente el carácter del pueblo y el rumbo de la guerra.
- En julio los rusos habían emprendido una última ofensiva, habían sufrido una derrota catastrófica, y había comenzado el proceso de desmoralización que condujo a la revolución bolchevique de noviembre.
- Un poco antes, los franceses habían sufrido una derrota grave y casi desastrosa en Champaña que provocó amotinamientos en el ejército y una agitación derrotista entre los civiles.
- Inglaterra sufría los efectos de los ataques de submarinos, las terribles pérdidas de las batallas de Flandes y, en noviembre en Cambrai, los ejércitos británicos sufrieron un revés que consternó a las tropas en el frente y a los dirigentes en la retaguardia.
Un profundo hastío de la guerra impregnaba toda la Europa occidental.
En efecto, la agonía y la desilusión habían sacudido la concentración de los hombres en la versión aceptada de la guerra. Sus intereses ya no se veían retenidos por los pronunciamientos oficiales ordinarios, y su atención comenzó a desviarse, fijándose ora en su propio sufrimiento, ora