Pero la vida moderna es apresurada y multifacética; sobre todo, la distancia física separa a hombres que a menudo se encuentran en contacto vital entre sí, como el empleador y el empleado, el funcionario y el votante. No hay tiempo ni oportunidad para un conocimiento íntimo.
En su lugar, advertimos un rasgo que caracteriza a un tipo bien conocido y completamos el resto del cuadro por medio de los estereotipos que llevamos en la cabeza.
- Es un agitador. Eso lo notamos, o nos lo dicen. Bien, un agitador es este tipo de persona, y por lo tanto él es este tipo de persona.
- Es un intelectual.
- Es un plutócrata.
- Es un extranjero.
- Es un "europeo meridional".
- Es de Back Bay.
- Es un hombre de Harvard. Qué diferente de la afirmación: es un hombre de Yale.
- Es un tipo corriente.
- Es un graduado de West Point.
- Es un viejo sargento del ejército.
- Es un habitante de Greenwich Village: ¿qué no sabemos entonces sobre él, y sobre ella?
- Es un banquero internacional.
- Es de Main Street.
Las influencias más sutiles y omnipresentes de todas son aquellas que crean y mantienen el repertorio de estereotipos.
Se nos habla del mundo antes de verlo. Imaginamos la mayoría de las cosas antes de experimentarlas. Y esas preconcepciones, a menos que la educación nos haya hecho agudamente conscientes, gobiernan profundamente todo el proceso de la percepción.