Emplea una taquigrafía de nombres, signos y muestras. Tiene que hacerlo si ha de avanzar en absoluto, porque no puede cargar con todo el equipaje en cada frase a través de cada paso que da.
Pero si olvida que ha sustituido y simplificado, pronto cae en el verbalismo y empieza a hablar de nombres independientemente de los objetos. Y entonces no tiene forma de saber cuándo el nombre divorciado de su cosa primera está manteniendo una mala alianza con alguna otra cosa. Más difícil aún es prevenir el cambio de criaturas en la política informal.
Porque, según lo que los psicólogos conocen como respuesta condicionada, una emoción no se une meramente a una idea. No hay fin para las cosas que pueden despertar la emoción, ni fin para las cosas que pueden satisfacerla. Esto es particularmente cierto cuando el estímulo se percibe solo de manera vaga e indirecta, y cuando el objetivo es asimismo indirecto.