ejércitos en marcha o hacen la paz, reclutan la vida, imponen impuestos, exilian, encarcelan, protegen la propiedad o la confiscan, fomentan un tipo de empresa y desalientan otra, facilitan la inmigración o la obstruyen, mejoran las comunicaciones o las censuran, establecen escuelas, construyen armadas, proclaman «políticas» y «destinos», levantan barreras económicas, crean o deshacen la propiedad, someten a un pueblo al dominio de otro o favorecen a una clase en detrimento de otra.
Para cada una de estas decisiones, cierta visión de los hechos se considera concluyente, cierta visión de las circunstancias se acepta como base de la inferencia y como estímulo del sentimiento. ¿Qué visión de los hechos, y por qué esa?
Y aun así, esto ni siquiera empieza a agotar la verdadera complejidad. La estructura política formal existe en un entorno social, donde hay innumerables corporaciones e instituciones grandes y pequeñas, asociaciones voluntarias y semivoluntarias, agrupaciones nacionales, provinciales, urbanas y vecinales, que las más de