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Capítulo XII: El interés propio reconsiderado

Un celo por las diferentes opiniones relativas a la religión, al gobierno y a muchos otros puntos, tanto de especulación como de práctica; un apego a diferentes líderes que compiten ambiciosamente por la preeminencia y el poder, o a personas de otra índole cuyas fortunas han interesado a las pasiones humanas, han dividido a su vez a la humanidad en partidos, la han inflamado de mutua animosidad y la han vuelto mucho más dispuesta a molestarse y oprimirse mutuamente que a cooperar para su bien común. Tan fuerte es esta propensión de la humanidad a caer en mutuas animosidades que, cuando no se presenta ninguna ocasión sustancial, las distinciones más frívolas e imaginarias han sido suficientes para encender sus pasiones hostiles y suscitar sus conflictos más violentos. Pero la más común y duradera fuente de facciones ha sido la diversa y desigual distribución de la propiedad."

Por consiguiente, la teoría de Madison sostiene que la propensión a las facciones puede encenderse por opiniones religiosas o políticas, por líderes, pero más comúnmente por la distribución de la propiedad.

Sin embargo, nótese que Madison afirma únicamente que los hombres están divididos por su relación con la propiedad. No dice que su propiedad y sus opiniones sean causa y efecto, sino que las diferencias de propiedad son las causas de las diferencias de opinión.

La palabra central en el argumento de Madison es «diferente». A partir de la existencia de situaciones económicas diferentes se puede inferir tentativamente una probable diferencia de opiniones, pero no se puede inferir cuáles serán necesariamente esas opiniones.

Esta reserva socava radicalmente las pretensiones de la teoría tal como esta se sostiene habitualmente. De que la reserva es necesaria da testimonio la enorme contradicción entre el dogma y la práctica entre los

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