# EL LLAMADO A LA RAZÓN
1
HE escrito, y luego he tirado a la basura, varios finales para este libro.
Sobre todos ellos pendía esa fatalidad de los últimos capítulos, en los que cada idea parece encontrar su lugar, y todos los misterios que el escritor no ha olvidado son desentrañados.
En la política el héroe no vive feliz para siempre ni termina su vida a la perfección. No hay un capítulo final, porque el héroe en la política tiene más futuro por delante que historia registrada a sus espaldas. El último capítulo es meramente un lugar donde el escritor imagina que el educado lector ha comenzado a mirar furtivamente su reloj.
2
Cuando Platón llegó al punto en que era oportuno hacer un resumen, su seguridad se transformó en pánico escénico al pensar en lo absurdo que sonaría decir lo que llevaba dentro sobre el lugar de la razón en la política. Esas oraciones del libro quinto de la República fueron difíciles incluso para Platón de pronunciar; son tan puras y tajantes que los hombres no pueden ni olvidarlas ni vivir de acuerdo con ellas. Así, hace que Sócrates le diga a Glaucón que será destrozado y ahogado en risas por decir «cuál es el cambio mínimo que permitirá a un Estado adoptar la forma más verdadera», [Nota a pie de página: República, lib. V, 473. Trad. de Jowett] porque el pensamiento que «habría querido expresar de no haber