Pero entonces, decir que la Liga era el problema no convertía a la Liga en el problema, y al contar los votos el día de las elecciones no se conoce la verdadera división de opiniones acerca de la Liga.
Había, por ejemplo, nueve millones de demócratas. ¿Tiene usted derecho a creer que todos ellos son firmes partidarios de la Liga? Ciertamente no. Pues su conocimiento de la política estadounidense le dice que muchos de esos millones votaron, como lo hacen siempre, para mantener el sistema social existente en el Sur, y que, cualesquiera que fueran sus opiniones sobre la Liga, no votaron para expresar sus opiniones.
- Quienes querían la Liga sin duda se alegraron de que el partido Demócrata también la quisiera.
- Quienes aborrecían la Liga quizás se taparon la nariz al votar.
Pero ambos grupos de sureños votaron por la misma fórmula.
¿Eran los republicanos más unánimes? Cualquiera puede elegir entre sus amistades suficientes votantes republicanos como para abarcar toda la gama de opiniones, desde la intransigencia de los senadores Johnson y Knox hasta la defensa del secretario Hoover y el juez presidente Taft. Nadie puede decir con certeza cuánta gente se sentía de un modo particular respecto a la Sociedad, ni cuánta gente dejó que sus sentimientos sobre ese tema determinaran su voto. Cuando solo hay dos formas de expresar cien variedades de sentimiento, no hay un modo seguro de saber cuál fue la combinación decisiva. El senador Borah encontró en la candidatura republicana una razón para votar a los republicanos, pero el presidente Lowell hizo otro tanto. La mayoría republicana estaba compuesta por hombres y mujeres que pensaban que una victoria republicana mataría a la Sociedad, más aquellos que pensaban que era la manera más práctica de asegurar la Sociedad, más aquellos que pensaban que era el medio más seguro que se ofrecía para obtener una Sociedad reformada. Todos estos votantes estaban