[Referencia: Op. cit., p. 16.]
Estas voluntades deben tener la oportunidad de expresarse por sí mismas en el autogobierno «en todas y cada una de las formas de acción social». Detrás de estas palabras se encuentra el verdadero impulso democrático, el deseo de realzar la dignidad humana, así como la suposición tradicional de que esta dignidad humana resulta menoscabada a menos que la voluntad de cada persona participe en la gestión de todo aquello que le afecta.
El hombre del gremio, al igual que el demócrata anterior, busca por tanto a su alrededor un entorno en el que este ideal de autogobierno pueda hacerse realidad. Han pasado cien años y más desde Rousseau y Jefferson, y el centro de interés se ha desplazado del campo a la ciudad. El nuevo demócrata ya no puede recurrir al municipio rural idealizado en busca de la imagen de la democracia. Ahora se dirige al taller.
"Hay que dar libre juego al espíritu de asociación en la esfera en la