Pues la velocidad con la que la razón, tal como la poseemos, puede adelantarse a sí misma es menor que la velocidad con la que hay que actuar. En el estado actual de la ciencia política existe, por tanto, una tendencia a que una situación se transforme en otra antes de que la primera sea comprendida con claridad, convirtiendo así gran parte de la crítica política en mera retrospección. Tanto en el descubrimiento de lo desconocido como en la propagación de aquello que ha sido demostrado, existe un diferencial temporal que debería, en mucho mayor grado que hasta ahora, ocupar al filósofo político. Hemos empezado, principalmente bajo la inspiración de Mr. Graham Wallas, a examinar el efecto de un entorno invisible sobre nuestras opiniones.
Aún no comprendemos, salvo un poco por regla general, el elemento del tiempo en la política, aunque este incide de manera más directa en la viabilidad de cualquier propuesta constructiva. [Footnote: Cf. H. G. Wells en los capítulos iniciales de Mankind in the Making.] Podemos ver, por ejemplo, que de algún modo la pertinencia de cualquier plan depende de la duración que requiera la operación. Porque de esa duración dependerá si los datos que el plan da por sentados permanecerán en verdad inalterados. [Footnote: Cuanto mejor sea el análisis actual en las labores de inteligencia de cualquier institución, menos probable será, por supuesto, que los hombres aborden los problemas de mañana a la luz de los hechos de ayer.]
Existe aquí un factor que los hombres realistas y experimentados sí toman en cuenta, y de algún modo ayuda a distinguirlos del oportunista, el visionario, el filisteo y el pedante. [Footnote: No todas, sino algunas de las diferencias entre reaccionarios, conservadores, liberales y radicales se deben, a mi juicio, a una estimación intuitiva distinta del ritmo de cambio en los asuntos sociales.] Pero de qué modo exacto entra el cálculo del tiempo en la política no lo sabemos todavía de ninguna manera sistemática.