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EL LECTOR CONSTANTE

Y por su tratamiento de esos acontecimientos decidimos con mayor frecuencia si nos gusta o no, si debemos confiar en él o negarnos a tener el periódico en casa.

Si el periódico ofrece una versión satisfactoria de aquello que creemos conocer, nuestro negocio, nuestra iglesia, nuestro partido, es casi seguro que se librará de nuestras críticas más severas.

¿Qué mejor criterio posee el hombre en la mesa del desayuno que el hecho de que la versión del periódico coincida con su propia opinión? Por consiguiente, la mayoría de los hombres tienden a exigir cuentas al periódico de la manera más estricta en su calidad, no de lectores generales, sino de abogados defensores en cuestiones de su propia experiencia.

Rara vez alguien que no sea la parte interesada puede comprobar la exactitud de un informe.

Si la noticia es local, y si hay competencia, el editor sabe que probablemente tendrá noticias del hombre que cree que su retrato es injusto e inexacto.

Pero si la noticia no es local, el correctivo disminuye a medida que el tema se aleja en la distancia. Las únicas personas que pueden corregir lo que consideran una imagen falsa de sí mismas impresa en otra ciudad son los miembros de grupos lo suficientemente organizados como para contratar agentes de prensa.

Ahora bien, es interesante señalar que el lector general de un periódico no tiene legitimación procesal si cree que las noticias lo están engañando. Es únicamente la parte afectada la que puede demandar por difamación o calumnia, y tiene que demostrar que se le ha causado un daño material. La ley encarna la tradición de que las noticias generales no son un asunto

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