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CAPÍTULO XXI. EL PÚBLICO COMPRADOR

en esclavitud a sus acreedores. La información sobre este punto es muy difícil de obtener y, por esa razón, su importancia general suele exagerarse mucho.] que depende de las condiciones generales del comercio y, más particularmente, de una tirada basada no en un contrato matrimonial con sus lectores, sino en el amor libre. El objetivo de todo editor es, por tanto, transformar su tirada, hecha de un revoltijo de compradores de quiosco al azar, en un devoto grupo de lectores fieles.

Un periódico que realmente pueda depender de la lealtad de sus lectores es tan independiente como puede serlo un periódico, dadas las dinámicas económicas del periodismo moderno. [Nota al pie: "Es un axioma en la edición de periódicos: 'más lectores, mayor independencia de la influencia de los anunciantes; menos lectores y mayor dependencia del anunciante'. Puede parecer una contradicción (y sin embargo es la verdad) afirmar: cuanto mayor es el número de anunciantes, menor es la influencia que individualmente pueden ejercer sobre el editor". Adolph S. Ochs, op. cit.] Un grupo de lectores que le permanece fiel en las buenas y en las malas es un poder mayor que cualquiera que el anunciante individual pueda ejercer, y un poder lo suficientemente grande como para romper con una combinación de anunciantes.

Por lo tanto, siempre que descubráis que un periódico traiciona a sus lectores por amor a un anunciante, podéis estar bastante seguros de que el editor comparte sinceramente las opiniones del anunciante, o de que piensa, tal vez equivocadamente, que no puede contar con el respaldo de sus lectores si se opone abiertamente a sus dictados. Es una cuestión de si los lectores, que no pagan en efectivo por sus noticias, pagarán por ellas con su lealtad.

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