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Capítulo XIV: Sí o No

Más consulta que esa es generalmente posible y deseable. Pero el hecho esencial sigue siendo que un pequeño número de dirigentes presenta una opción a un gran grupo.

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Los abusos del comité directivo han dado lugar a diversas propuestas como la iniciativa, el referéndum y las primarias directas. Pero estas tan solo pospusieron u ocultaron la necesidad de una maquinaria al complicar las elecciones, o como H. G. Wells dijo una vez con escrupulosa exactitud, las selecciones. Pues ninguna cantidad de votaciones puede obviar la necesidad de crear un asunto, ya sea una medida o un candidato, sobre el cual los votantes puedan decir Sí o No.

No existe, de hecho, tal cosa como la «legislación directa». Pues ¿qué ocurre allí donde se supone que existe? El ciudadano acude a las urnas, recibe una papeleta en la que se imprimen una serie de medidas, casi siempre de forma abreviada, y, si expresa algo, dice Sí o No. Se le puede ocurrir la enmienda más brillante del mundo. Vota Sí o No a ese proyecto de ley y a ningún otro. Hay que violentar la lengua inglesa para llamar a eso legislación.

No sostengo, por supuesto, que no haya beneficios, comoquiera que se llame al proceso. Creo que para ciertos tipos de problemas hay beneficios claros. Pero la necesaria simplicidad de cualquier decisión de masas es un hecho muy importante en vista de la complejidad inevitable del mundo en el que esas decisiones operan.

La forma de votación más complicada que alguien propone es, supongo yo, la papeleta preferencial. Entre varios candidatos presentados al votante bajo ese sistema, en lugar de decir sí a un candidato y no a todos los demás, este expresa el orden de su preferencia. Pero incluso aquí, por inmensamente flexible que sea, la acción de la masa depende de la calidad de las opciones presentadas. [Nota a pie de página: Cf. H. J. Laski,

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