Codal
nydus/Public OpinionPublic
Página 272 de 432
Table of Contents

CAPÍTULO XVI. EL HOMBRE EGOCÉNTRICO

avances, sin duda, desde Aristóteles. Había unos pocos periódicos, y había libros, mejores caminos quizás, y mejores barcos.

Pero no hubo un gran avance, y los presupuestos políticos del siglo XVIII tuvieron que ser esencialmente los que habían prevalecido en la ciencia política durante dos mil años. Los demócratas pioneros no poseían el material necesario para resolver el conflicto entre el ámbito conocido de la atención del hombre y su ilimitada fe en la dignidad de este.

Sus presupuestos no solo eran anteriores al periódico moderno, a los servicios de prensa mundiales, a la fotografía y a las imágenes en movimiento, sino que —lo que es en verdad más significativo— precedían a la medición y el registro, al análisis cuantitativo y comparativo, a las normas de la prueba y a la capacidad del análisis psicológico para corregir y descontar los prejuicios del testigo.

No pretendo decir que nuestros registros sean satisfactorios, nuestro análisis imparcial, ni nuestras mediciones sólidas. Sí pretendo decir que se han hecho los inventos clave para traer el mundo invisible al campo del juicio. No se habían hecho en la época de Aristóteles, y aún no eran lo suficientemente importantes como para ser visibles para la teoría política en la era de Rousseau, Montesquieu o Thomas Jefferson.

En un capítulo posterior creo que veremos que, incluso en la teoría más reciente sobre la reconstrucción humana, la de los socialistas de gremio ingleses, todas las premisas más profundas han sido heredadas de este viejo sistema de pensamiento político.

Ese sistema, siempre que era competente y honesto, tenía que partir del supuesto de que ningún hombre podía tener más que una experiencia muy parcial de los asuntos públicos. En el sentido de que solo puede dedicarles poco tiempo, esa supuesto sigue siendo verdad, y de la mayor importancia.

272