del banquero que vuelve a convertir los francos en libras, y no olvidar al hacerlo que, si bien en tiempos normales el cambio era de 25, ahora es de 46 a causa de la guerra. Pues hay una fluctuación de guerra en el cambio de palabras al igual que en el cambio monetario.
"El argumento, cabe esperar, funciona en ambos sentidos, y los franceses no dejan de comprender que hay tanto valor detrás de la reticencia inglesa como detrás de su propia exuberancia de expresión."
Millones de los que lo están viendo apenas saben leer.
Millones más pueden leer las palabras pero no pueden entenderlas. De los que pueden tanto leer como entender, podemos suponer que unas buenas tres cuartas partes tienen media hora libre al día para dedicarla al tema. Para ellos, las palabras así adquiridas son el estímulo para toda una cadena de ideas sobre la cual, en última instancia, puede