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CAPÍTULO I. INTRODUCCIÓN

Si la conducta no es un acto práctico, sino lo que denominamos grosso modo pensamiento y emoción, puede pasar mucho tiempo antes de que se produzca una ruptura perceptible en la textura del mundo ficticio. Pero cuando el estímulo del seudohecho se traduce en acciones sobre las cosas u otras personas, la contradicción no tarda en manifestarse.

Luego sobreviene la sensación de estrellarse contra un muro de piedra, de aprender a la fuerza y de presenciar la tragedia de Herbert Spencer sobre el asesinato de una Hermandosa Teoría a manos de una Banda de Hechos Brutales; en suma, la incomodidad de una inadaptación. Pues ciertamente, a nivel de la vida social, eso que se llama la adaptación del hombre a su entorno se lleva a cabo por medio de ficciones.

Por ficciones no entiendo mentiras. Me refiero a una representación del entorno que es hecha, en mayor o menor grado, por el propio hombre. El abanico de la ficción abarca desde la alucinación completa hasta el uso perfectamente consciente que hace el científico de un modelo esquemático, o su decisión de que, para su problema particular, la precisión más allá de un determinado número de decimales no es importante. Una obra de ficción puede tener casi cualquier grado de fidelidad y, siempre que se pueda tener en cuenta dicho grado de fidelidad, la ficción no resulta engañosa. De hecho, la cultura humana consiste en gran parte en la selección, la reorganización, el trazado de patrones sobre y la estilización de lo que William James llamó «las irradiaciones y reajustes aleatorios de nuestras ideas». [Nota al pie: James, Principles of Psychology, vol. II, p. 638]

La alternativa al uso de ficciones es la exposición directa al flujo y reflujo de la sensación. No es una alternativa real, pues por muy refrescante que sea mirar a veces con un ojo perfectamente inocente, la inocencia misma no es sabiduría, aunque sea su fuente y su correctivo.

Porque el entorno real es demasiado grande, demasiado complejo y demasiado fugaz para el conocimiento directo. No estamos preparados

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