Pero aun así sabía por cálculo cuál es la técnica del político. Era de esas personas que saben exactamente cómo hacer algo, pero que no logran hacerlo del todo por sí mismas. A menudo son mejores maestros que el virtuoso para quien el arte es tan intrínseco que él mismo no sabe cómo lo hace. La afirmación de que los que pueden, hacen; los que no pueden, enseñan, no es ni con mucho una crítica tan dura al maestro como parece.
El señor Hughes sabía que la ocasión era trascendental, y había preparado su manuscrito cuidadosamente. En un palco estaba Theodore Roosevelt recién llegado de Misuri. Por toda la casa se encontraban los veteranos del Armagedón en varios estadios de duda y consternación. En la tribuna y en los demás palcos se veía a los ex sepulcros blanqueados y a los ex ladrones de balcones de 1912, evidentemente con la mejor salud y en un estado de ánimo condescendiente. Más allá del salón había poderosos pro-alemanes y poderosos pro-aliados; un partido de la guerra en el Este y en las grandes ciudades; un partido de la paz en el Medio y Lejano Oeste. Había un fuerte sentimiento respecto a México. El señor Hughes tenía que formar una mayoría contra los demócratas a partir de gente dividida en todo tipo de combinaciones sobre Taft contra Roosevelt, pro-alemanes contra pro-aliados, guerra contra neutralidad, intervención mexicana contra no intervención.
Acerca de la moralidad o de la prudencia del asunto no nos ocupamos, por supuesto, aquí. Nuestro único interés radica en el método mediante el cual un líder de opiniones heterogéneas emprende la tarea de asegurar un voto homogéneo.
"Esta representativa reunión es un feliz augurio. Significa la fuerza de la reunión. Significa que el partido de Lincoln está restaurado…."
Las palabras en cursiva son ligamentos: Lincoln, en un discurso de este tipo, no guarda por supuesto relación alguna con Abraham Lincoln. Es meramente