excéntricos. El hombre de negocios y el artesano conocían todos los misterios de su oficio. Luego los misterios se volvieron más misteriosos, y al fin la industria comenzó a depender de leyes físicas y combinaciones químicas que ningún ojo podía ver, y que solo una mente entrenada podía concebir.
El científico se mudó de su noble buhardilla en el Barrio Latino a edificios de oficinas y laboratorios. Pues solo él podía construir una imagen operativa de la realidad en la que se apoyaba la industria. De esta nueva relación tomó tanto como dio, quizás más: la ciencia pura se desarrolló más rápido que la aplicada, aunque extraía su apoyo económico, gran parte de su inspiración y aún más de su relevancia del contacto constante con la decisión práctica.
Pero la ciencia física seguía padeciendo la enorme limitación de que los hombres que tomaban decisiones solo contaban con su sentido común para guiarse. Administraban sin ayuda científica un mundo complicado por los científicos. Una vez más