escolarización la preparación para lidiar con una vasta civilización, tendrán que cargar consigo imágenes de esta y albergar prejuicios.
La calidad de su pensamiento y de su hacer dependerá de si esos prejuicios son amistosos, amistosos hacia otras personas, hacia otras ideas, de si evocan el amor por lo que se siente como positivamente bueno, en lugar del odio hacia lo que no está contenido en su versión del bien.
La moralidad, el buen gusto y las buenas maneras primero estandarizan y luego enfatizan ciertos prejuicios subyacentes. A medida que nos adaptamos a nuestro código, adaptamos los hechos que vemos a ese código.
Racionalmente, los hechos son neutrales respecto a todas nuestras visiones del bien y del mal. En realidad, nuestros cánones determinan en gran medida qué percibiremos y cómo.
Porque un código moral es un plan de conducta aplicado a una serie de casos típicos. Portarse como el código prescribe es servir a cualquier propósito que el código persiga. Puede ser la voluntad de Dios, o la del rey, la salvación individual en un paraíso bueno, sólido y tridimensional, el éxito en la tierra o el servicio a la humanidad. En cualquier caso, los creadores del código determinan ciertas situaciones típicas y luego, mediante alguna forma de razonamiento o intuición, deducen el tipo de comportamiento que produciría el fin que reconocen. Las reglas se aplican donde se aplican.
Pero en la vida diaria, ¿cómo sabe un hombre si su dilema es el que el legislador tenía en mente? Se le dice que no debe matar. Pero si sus hijos son atacados, ¿puede matar para impedir un homicidio? Los diez mandamientos guardan silencio sobre este punto. Por lo tanto, en torno a cada código hay una nube de intérpretes que deducen casos más específicos.