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CAPÍTULO XV. LOS LÍDERES Y LA BASE

precisamente porque los pocos que están estratégicamente situados deben elegir los objetivos concretos, el símbolo es también un instrumento mediante el cual unos pocos pueden engordar a costa de muchos, desviar las críticas y seducir a los hombres para que afronten la agonía por objetivos que no entienden.

Muchos aspectos de nuestra sujeción a los símbolos no resultan halagüeños si elegimos considerarnos personalidades realistas, autosuficientes y autónomas. Sin embargo, es imposible concluir que los símbolos sean por completo instrumentos del diablo.

En el reino de la ciencia y la contemplación son sin duda el tentador en persona. Pero en el mundo de la acción pueden ser benéficos, y a veces son una necesidad. La necesidad a menudo es imaginada, el peligro fabricado. Pero cuando los resultados rápidos son imperativos, la manipulación de las masas mediante símbolos puede ser el único camino rápido para llevar a cabo algo crucial.

A menudo es más importante actuar que comprender. A veces es verdad que la acción fracasaría si todo el mundo la comprendiera. Hay muchos asuntos que no pueden esperar a un referéndum ni soportar la publicidad, y hay momentos, durante la guerra por ejemplo, en que una nación, un ejército e incluso sus comandantes deben confiar la estrategia a muy pocas mentes; en que dos opiniones contrarias, aunque una de ellas resulte ser la acertada, son más peligrosas que una sola opinión equivocada. La opinión errónea puede tener malos resultados, pero las dos opiniones pueden acarrear el desastre al disolver la unidad.

[Footnote: Captain Peter S. Wright, Assistant Secretary of the Supreme War Council, At the Supreme War Council, es digno de lectura atenta en lo que se refiere al secreto y a la unidad de mando, aun cuando entable una polémica apasionada respecto a los líderes aliados.]

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