Convencidos de que la sabiduría estaba ahí con solo saber encontrarla, los demócratas han tratado el problema de la formación de la opinión pública como un problema de libertades civiles. [Footnote: The best study is Prof. Zechariah Chafee's, Freedom of Speech.] «¿Cuándo se ha visto a la Verdad salir derrotada en un enfrentamiento libre y abierto?». [Footnote: Milton, Areopagitica, cited at the opening of Mr. Chafee's book. For comment on this classic doctrine of liberty as stated by Milton, John Stuart Mill, and Mr. Bertrand Russel, see my Liberty and the News, Ch. II.] Suponiendo que nadie la haya visto jamás salir derrotada, ¿hemos de creer entonces que la verdad se engendra mediante el enfrentamiento, como el fuego al frotar dos palos?
Detrás de esta doctrina clásica de la libertad, que los demócratas estadounidenses plasmaron en su Declaración de Derechos (Bill of Rights), existen, de hecho, varias teorías diferentes sobre el origen de la verdad. Una de ellas es la creencia de que, en la competencia de las opiniones, la más verdadera vencerá porque hay una fuerza peculiar en la verdad. Esto es probablemente acertado si se permite que la competencia se extienda durante un tiempo suficientemente largo. Cuando los hombres argumentan en este sentido, tienen en mente el veredicto de la historia y piensan específicamente en los herejes que fueron perseguidos en vida y canonizados después de muertos.
La pregunta de Milton descansa también en la creencia de que la capacidad de reconocer la verdad es inherente a todos los hombres, y que la verdad puesta libremente en circulación ganará aceptación. Se deriva asimismo de la experiencia, la cual ha demostrado que es poco probable que los hombres descubran la verdad si no pueden expresarla, salvo bajo la mirada de un policía incomprensivo.
Nadie puede exagerar jamás el valor práctico de estas libertades civiles, ni la importancia de mantenerlas. Cuando están en peligro, el espíritu humano está en peligro, y si llegara un momento en que tuvieran que ser