Tal integración real ha ocurrido sin duda en la historia estadounidense.
En la década anterior a 1789, la mayoría de los hombres, al parecer, sentían que su estado y su comunidad eran reales, pero que la confederación de estados era irreal. La idea de su estado, su bandera, sus líderes más conspicuos, o cualquier cosa que representara a Massachusetts o a Virginia, eran símbolos genuinos. Es decir, se alimentaban de experiencias reales de la infancia, la ocupación, la residencia y similares. El ámbito de la experiencia de los hombres rara vez había cruzado los límites imaginarios de sus estados. La palabra virginiano estaba relacionada con prácticamente todo lo que la mayoría de los virginianos habían conocido o sentido jamás. Era la idea política más amplia que tenía un contacto genuino con su experiencia.
Su experiencia, y no sus necesidades. Pues sus necesidades surgían de su entorno real, el cual en aquellos días era al menos tan vasto como las trece colonias. Necesitaban una defensa común. Necesitaban un régimen financiero