realidad. Pero puede despertar toda la emoción, y a veces incluso más, que la realidad misma. Pues el gatillo puede ser apretado por más de un estímulo.
El estímulo que originalmente apretó el gatillo puede haber sido una serie de imágenes en la mente suscitadas por palabras impresas o habladas.
Estas imágenes se desvanecen y cuesta mantenerlas firmes; sus contornos y su pulso fluctúan. Poco a poco se pone en marcha el proceso de saber lo que se siente sin estar del todo seguro de por qué se siente. Las imágenes que se desvanecen son desplazadas por otras imágenes, y luego por nombres o símbolos. Pero la emoción continúa, capaz ahora de ser despertada por las imágenes y nombres sustitutos.
Aun en el pensamiento profundo se producen estas sustituciones, pues si un hombre intenta comparar dos situaciones complicadas, pronto descubre que resulta agotador el intento de retener ambas plenamente en la mente con todos sus detalles.