tan poco contra los defectos más evidentes de la democracia, contra los prejuicios violentos, la apatía, la preferencia por lo trivial curioso frente a lo aburrido importante, y el hambre de atracciones de feria y terneros de tres patas.
Este es el defecto principal del gobierno popular, un defecto inherente a sus tradiciones, y todos sus demás defectos pueden, a mi juicio, atribuirse a este.