un tiempo para cada hombre en el que todavía estaba adaptado a un entorno que ya no
En todo el mundo, todavía el 25 de julio, los hombres fabricaban mercancías que no podrían enviar, compraban bienes que no podrían importar; se planeaban carreras, se contemplaban empresas, se abrigaban esperanzas y expectativas, todo bajo la creencia de que el mundo conocido era el mundo tal como era. Los hombres escribían libros que describían ese mundo. Confiaban en la imagen que tenían en sus cabezas.
Y luego, más de cuatro años después, un jueves por la mañana, llegó la noticia de un armisticio, y la gente dio rienda suelta a su indescriptible alivio de que la matanza hubiera terminado. Sin embargo, en los cinco días anteriores a que llegara el armisticio verdadero, aunque se había celebrado el fin de la guerra, varios miles de jóvenes murieron en los campos de batalla.
Mirando hacia atrás podemos ver cuán indirectamente conocemos el entorno en el que, sin embargo, vivimos. Podemos ver que las noticias sobre este nos llegan ya sea rápido, ya sea lentamente; pero que cualquier cosa que creamos que es una imagen verdadera, la tratamos como si fuera el entorno mismo.
Es más difícil recordar eso acerca de las creencias sobre las cuales estamos actuando ahora, pero respecto a otros pueblos y otras épocas nos halagamos pensando que es fácil ver cuándo hablaban completamente en serio acerca de imágenes ridículas del mundo.
Insistimos, debido a nuestra superior perspectiva retrospectiva, en que el mundo tal como ellos necesitaban conocerlo y el mundo tal como efectivamente lo conocían solían ser dos cosas bastante contradictorias. Podemos ver también que, mientras gobernaban y luchaban, comerciaban y reformaban en el mundo tal como imaginaban que era, producían resultados, o dejaban de producirlos, en el mundo tal como era.