El límite de la acción directa es, a todos los efectos prácticos, la facultad de decir Sí o No a una cuestión planteada ante la masa. [Footnote: Cf. James, Some Problems of Philosophy, p. 227. "But for most of our emergencies, fractional solutions are impossible. Seldom can we act fractionally." Cf. Lowell, Public Opinion and Popular Government, pp. 91, 92.] Pues solo en los casos más sencillos una cuestión se presenta de la misma forma, de manera espontánea y aproximadamente al mismo tiempo a todos los miembros de un público. Hay huelgas y boicots no organizados, y no me refiero solo a los industriales, en los que el agravio es tan evidente que, prácticamente sin liderazgo, se produce la misma reacción en muchas personas. Pero incluso en estos casos rudimentarios hay quienes saben lo que quieren hacer más rápido que los demás y se convierten en cabecillas improvisados. Cuando estos no aparecen, una multitud deambula sin rumbo, acosada por todos sus propósitos particulares, o se queda al margen de manera fatalista, como hizo el otro día un grupo de cincuenta personas, contemplando cómo un hombre se suicidaba.
Pues lo que hacemos con la mayor parte de las impresiones que nos llegan del mundo invisible es una especie de pantomima representada en sueños.
Son pocas las veces que decidimos conscientemente algo acerca de acontecimientos que escapan a nuestra vista, y la opinión que cada hombre tiene de lo que podría lograr si lo intentara es insignificante. Rara vez se presenta un problema práctico y, por lo tanto, no existe un gran hábito de decisión.
Esto sería más evidente de no ser porque la mayor parte de la información, cuando nos llega, trae consigo un aura de sugerencia sobre cómo debemos sentirnos respecto a la noticia. Esa sugerencia la necesitamos, y si no la hallamos en las noticias, recurrimos a los editoriales o a un asesor de confianza.