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CAPÍTULO XV. LOS LÍDERES Y LA BASE

El arreglo de diferencias consiste en ofrecer un chivo expiatorio ocasional, en reparar un agravio menor que afecte a un individuo o facción poderosa, en reorganizar ciertos puestos de trabajo, en aplacar a un grupo de personas que quiere un arsenal en su ciudad natal, o una ley para detener los vicios de alguien.

Estudie la actividad diaria de cualquier funcionario público que dependa de una elección y podrá ampliar esta lista. Hay congresistas elegidos año tras año que nunca piensan en malgastar su energía en asuntos públicos.

Prefieren hacer un pequeño servicio para mucha gente sobre muchos pequeños temas, en lugar de comprometerse a intentar hacer un gran servicio ahí fuera en el vacío.

Pero el número de personas para las que cualquier organización puede ser un ayuda de cámara exitoso es limitado, y los políticos astutos se cuidan de atender ya sea a los influyentes, o a alguien tan flagrantemente desprovisto de influencia que prestarle cualquier atención sea muestra de una magnanimidad sensacional. La inmensa mayoría que no puede ser retenida mediante favores, la multitud anónima, recibe propaganda.

Los líderes establecidos de cualquier organización cuentan con grandes ventajas naturales. Se cree que poseen mejores fuentes de información.

  • Los libros y los papeles están en sus oficinas.
  • Participaron en las conferencias importantes.
  • Conociéron a la gente importante.
  • Tienen responsabilidad.

Por consiguiente, les resulta más fácil captar la atención y hablar con un tono convincente. Pero también tienen una enorme influencia sobre el acceso a los hechos. Todo funcionario es, en cierta medida, un censor. Y dado que nadie puede suprimir información, ya sea ocultándola o "olvidando" mencionarla, sin una idea preconcebida de lo que desea que el público sepa, todo líder es, en cierta medida, un propagandista.

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